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jueves, 9 de marzo de 2023

Hace 67 años Perón le escribía, desde Panamá, al compañero exiliado en Chile, Florencio Monzón

 



Carta a Florencio Monzón 9 de marzo de 1956



Escrito por Juan Domingo Perón. 


República de Panamá, 9 de marzo de 1956


Sr. D. Florencio Monzón


SANTIAGO


Mi querido amigo:


En estos días he estado de mudanza de Colón a Panamá, es decir del Atlántico al Pacífico...


...Veo que las noticias allí menudean. Aquí también las recibimos, si bien un poco mas tardíamente y menos explícitas, a menudo desfiguradas. Por esas noticias se ve claramente que la maldita dictadura militar está pasando las de Caín y a fe que bien lo merece por salvaje y asesina. 


Es necesario seguir dando fuerte con la resistencia pasiva pues ella es la llave de nuestra victoria y el "Tendón de Aquiles" de la dictadura. Intensificarla al máximo, haciendo que todos, en todas partes y durante todo el tiempo, realicen acciones destinadas a aniquilar a los enemigos mediante un desgaste decidido y eficaz. Usted verá que al final esa resistencia, si se ejecuta bien, será la clave del éxito. Es menester insistir en ella por todos los medios.


Algunos políticos de la oposición ya han tirado líneas para ver si yo, mediante un arreglo con ellos suspendería la resistencia. Eso quiere decir que la cosa va mal para ellos y bien para nosotros. Yo no les he contestado ni que sí ni que no pero, no soy hombre de hacer arreglos a espaldas del pueblo y cualquier arreglo de ese tipo no contará jamás con mi aprobación. Los sacrificios que ha sufrido ese pueblo le da derecho a que todos seamos con el leales y sinceros. La política no cuenta cuando de traiciones se trata. La primordial condición y la principal virtud de un político, como lo concibo yo, es precisamente la lealtad. Yo, además, no soy un político, por eso conservo sano aun el corazón al servicio del país y no de los intereses de nadie sea este quien sea o se llame como se llame...


...Me halaga que haya tantos chilenos peronistas allí. Quiere decir que la doctrina cunde y eso me gustaría porque yo quiero a los chilenos de corazón. Me parece que, con todos los defectos propios de todos los pueblos, son buenos y capaces. Creo que los chilenos tienen valores extraordinarios y que la necesidad los ha hecho luchadores, fuertes y sufridos, condiciones que harían un poco falta al pueblo argentino que, como producto de la abundancia, son un poco menos decididos y menos luchadores de lo que deberían ser. Por eso me gusta Chile y quiero a esa tierra que conozco y aprecio bien.


Sobre mi viaje a Chile no sé aún cómo lo realizaré y de instalarme allí oportunamente elegiría un lugar donde no perturbara y pudiera cumpla con mi misión. Quizá seria mejor en el sud o en el norte, porque de lo contrario debería dar muchos dolores de cabeza al gobierno de mi amigo el general Ibáñez. No sé en qué estado de espíritu se encontrará él Pero' tengo la seguridad que ayudará en lo que pueda, dentro de las limitaciones propias y naturales que su función le impone. Él ha sido exilado en Argentina y nunca dio que hablar con su conducta y su actitud. Yo deben observar allí la misma conducta...


JUAN PERÓN

viernes, 1 de mayo de 2020

Hace 75 años Perón hablaba por Radio al Pueblo trabajador




MENSAJE RADIAL A LOS TRABAJADORES DEL PAIS EN SU DIA Juan Domingo Perón [1 de Mayo de 1945]

Para conmemorar el Día del Trabajo considero nada mejor que daros cuenta del “año de trabajo” cumplido para mayor bienestar de los trabajadores.
Por intermedio de la Dirección General de Acción Directa y con la sanción de 29 decretos y la realización de 319 convenios y 174 gestiones conciliatorias, se ha beneficiado a 2.582.400 personas.
Los trabajadores marítimos han conseguido el convenio colectivo que regula toda la actividad marítima y sienta las bases para la futura reglamentación del trabajo del mar. Se llegó a la uniformación en todo el país de los salarios de la navegación fluvial. Dentro de un régimen orgánico se elaboró un sistema de vacaciones de 15 días hábiles perfectamente adaptables a la naturaleza del trabajo. Se incluyeron enfermedades profesionales que anteriormente no consideraba la legislación vigente. Asimismo, se incorporó al subsidio al conscripto y las condiciones en que éste se otorga. La comisión paritaria creada por el mismo convenio, ha ido elaborando toda una jurisprudencia del trabajo fluvial que ha sentado nuevas normas en la interpretación de las relaciones entre tripulantes y empleadores. Este convenio fue integrado por una serie de convenios parciales que resolvían situaciones particulares de acuerdo a la naturaleza del trabajo.
Los trabajadores gráficos de editoriales, diarios y revistas, han logrado el convenio colectivo correspondiente, que puede llamarse un verdadero “derecho de los oficios”, pues regula la actividad de todos sus matices. En los salarios se produce una mejora considerable que lleva a esta rama de trabajadores a una condición superior a todos los otros gráficos. Ahí también se crea perfectamente definido el comité arbitral que, a través de un buen tiempo de práctica, ha mostrado las ventajas de su labor. En el fotograbado también se realizó un convenio colectivo dentro de los lineamientos del anterior, que luego fue hecho obligatorio por medio de un decreto del Poder Ejecutivo.
Por primera vez en el país, la industria sombrerera fue motivo de un convenio entre patrones y obreros. En el convenio ha quedado sentado el principio que requiere igual salario para hombres y mujeres a igualdad de trabajo y producción.
También una resolución-convenio de los astilleros navales “La Central”, otorga verdaderas mejoras al personal.
El convenio colectivo efectuado en la industria cartonera es una reglamentación completa del trabajo. En el mismo se reconoce igualdad de sueldos a hombres y mujeres. Se obliga a los patrones a comunicar los nuevos sueldos a los obreros y a la Secretaría, por ser ésta la mejor forma del control.
Para toda la industria metalúrgica se decretó un laudo arbitral de la Dirección General de Trabajo y Acción Social, fijando un justo porcentaje de salarios para todos los trabajadores.
Por primera vez se fijó una ordenación equitativa en el sector de turf.
Los vareadores fueron beneficiados con aumentos de sueldos y otras ventajas.
Por otra parte, entre los convenios realizados que benefician al gremio automotor merecen ser citados con preferencia dos. El primero, que logró aumento de salarios, prorrateo riguroso del trabajo y otras ventajas, favorece a 38.000 obreros del transporte camionero de carga. El segundo, beneficia a 8.000 lavadores, peones y suplentes, con el sueldo mínimo y otras medidas.
En las peluquerías fue abolida la propina, por un régimen de sueldo y porcentaje, que significa una remuneración más decorosa y justa.
En la industria del quebracho, resultaron beneficiados 6.000 trabajadores en mayores salarios, vacaciones pagas y otras equitativas concesiones.
Los obreros de la industria del vidrio obtuvieron algunas mejores; entre ellas, la de quedar comprendidos en la ley 11.729, aun en aquellos lugares donde la legislación provincial así no lo acuerda.
En la industria tintorera se logró, merced a un intenso trabajo, clasificar y calificar las distintas tareas que se realizan, y a las que hasta ese momento se les negaba diferencias de categorías. Los beneficios a los obreros, que para algunas especialidades resultaron de un 60 %, demuestran el estado de abandono en que se tenía a los problemas relacionados con esa industria.
Los obreros de las fábricas de pintura, por otra parte, obtuvieron jornal mínimo, vacaciones y cumplimiento de algunas leyes. Con estos convenios y medidas se han logrado condiciones de trabajo más humanas.
Otras importantes determinaciones, de indudable sentido económico social, son las siguientes:
Bancarios: Se dictaron los decretos leyes 29.829 y 29.830 de escalafón estabilidad y salario familiar de empleados de bancos. También se dictó el decreto número 23.407 de horario bancario.
Empleados de Justicia: Fueron reajustados los sueldos para un sector del personal de Justicia, mediante el decreto número 22.455, de agosto de 1944.
Ciencias económicas: Se dictó el decreto número 5.103, de marzo de 1945, que reglamenta las profesiones de doctores en ciencias económicas, contadores y actuarios.
Empleados de seguros: Se establecieron convenios de horarios y estabilidad, escalafón y salario familiar de los empleados de seguros.
Profesores interinos: Se gestionó su confirmación definitiva, la que fue aprobada en principio, por el decreto número 25.899 del 22 de septiembre de 1944.
Como complemento de estas tareas realizadas se estudian los estatutos de las profesiones del arte de curar (médicos, odontólogos y farmacéuticos), escribanos, idóneos en farmacia, mecánicos dentales, traductores y calígrafos, empleados y corredores de seguros, rematadores o martilleros y balanceadores públicos, médicos legistas y kinesiólogos. Al mismo tiempo se arbitran los medios para la remuneración de los médicos y odontólogos municipales escalafones que no han sido contemplados en el último presupuesto municipal.
Además, entre la intensa tarea realizada en beneficio de los gremios en general, cabe señalar las medidas que se consignan a continuación:
Convenio colectivo de la industria peletera, que incluye mejoras de salarios, determinación de categorías y otras disposiciones accesorias.
Convenio colectivo de trabajadores de ambos sexos de la industria vitivinícola, con asiento en la Capital Federal -Bodegas y Fraccionadores- con especificación de sueldos mejorados y determinación de categorías.
Convenio de salarios y condiciones de trabajo en beneficio de los obreros y empleados en Molinos y Fraccionamiento de especies. Más de 2.000 personas han resultado beneficiadas con esta disposición, que abarca a hombres, mujeres y menores que trabajan.
Convenio colectivo con salario mínimo especificado de acuerdo a categorías determinadas, en beneficio de los trabajadores del “Sindicato Obreros de Construcción, Conservación Sanitaria y Anexos” y la “Cámara de Empresarios de Conservación de Obras Sanitarias Domiciliarias.
Convenio colectivo que incluye mejoras en salarios y condiciones de trabajo, para los obreros agrupados por la “Cámara Industrial Argentina de Confeccionistas”. Los beneficios alcanzan a 2.000 personas.
Convenio de escalafón, con mejoras de sueldos y condiciones de trabajo de empleados de la “Compañía Italo Argentina de Electricidad”, que beneficia a más de 1.000 personas.
Convenio de salarios mínimo y condiciones de trabajo para los obreros en las fábricas donde se moldea material plástico.
Convenio colectivo de salarios mínimos y mejoras de trabajo para los empleados y obreros del Sindicato de Biceladores y Anexos.
A esas iniciativas, concretadas ya en positivas realidades, agréganse muchas otras, cuya enunciación sería extensa.
Realizado por la Dirección General de Previsión, el estudio de los sistemas jubilatorios y la situación de las Cajas existentes en el país, pudo comprobarse su desequilibrio económico, poniéndose de relieve la necesidad de modificar el régimen en vigor. Seguidamente fueron intervenidas las Cajas y creado el Consejo Nacional de Previsión Social, que estudiará la posibilidad de unificar y actualizar las normas y procedimientos en uso y, extender los servicios a los distintos grupos sociales no beneficiados todavía. De ahí nació el Instituto Nacional de Previsión Social.
Las Cajas de Jubilaciones de Ferroviarios y Empresas Particulares han sido transformadas, se han extendido los beneficios jubilatorios al personal de hospitales, sanatorios y clínicas; se ha otorgado la jubilación a empleados de comercio, industria y actividades civiles; se ha establecido un sistema de medicina curativa y preventiva que permita prevenir o tratar oportunamente las enfermedades que amenacen al trabajador; se organiza con sentido social la Ex-Caja de Periodista; se incorporan al régimen jubilatorio los obreros del Estado que trabajan a jornal o destajo; se rectifica el otorgamiento del suplemento del subsidio de la Ley de Maternidad, se establece la computación de los servicios prestados en el transporte antes de su incorporación al régimen de la ley 11.110, al personal de la Corporación; se declara acogida a la Provincia de Salta, al régimen de la ley 11.110; incorporación al sistema de la ley 11.575 al personal de las Compañías de Seguros, Reaseguros, Capitalización y Ahorro; se modifica al régimen de la ley de Jubilación de la Marina Mercante Nacional, reglamentándose además, la contribución del importe sobre los fletes de cargas, a la misma Caja; se implanta un sistema especial de retiro para el Personal de la Prefectura General Marítima, Cárceles Nacionales y Policías Aduaneras; se exime de sellado a las peticiones de los trabajadores; se reglamentan los servicios para recibir en el extranjero; se extienden los beneficios de la inembargabilidad al personal de la Ley 10.650; se otorga el Subsidio Familiar al Personal de los Ferrocarriles Nacionales, y se preparan numerosos proyectos para perfeccionar la legislación en vigor.
La Junta Nacional para Combatir la Desocupación ha continuado su trabajo, atendiendo a la gente sin trabajo alojándolos en el galpón Nº 5 de la Aduana, ocupándola en su escuela-taller y en la quinta de Villa Soldati y en la Chacra experimental anexa y en los paseos públicos de Buenos Aires, extrayendo árboles secos, cuya madera se utiliza en la carpintería y como leña.
La Comisión Honoraria de Reducciones de Indios ha desarrollado sus actividades en la forma habitual con resultados no del todo satisfactorios en cuanto a la producción agrícola, debido a la sequía que asoló los campos. No obstante cabe destacar como adelantos de dotación al aserradero en Bartolomé de Las Casas, de maquinarias adecuadas a fin de incrementar el trabajo, el aumento de la producción de carbón de leña, la inauguración de un internado para niños indígenas construidos con materiales fabricados en la misma reducción, la construcción de un local escuela, y de una pista de aterrizaje en Bartolomé de Las Casas. Se proyectó, además la construcción de un internado en la Reducción Napalpi y de otros locales para fines diversos y la instalación de hogares escuelas en las Reducciones. Cumple también a la Comisión, la fiscalización de los ingenios que utilizan los servicios de los indígenas en sus obrajes y la protección y la defensa de los indios de los atropellos que pudieran inferir los que pretendieran aprovecharse de su debilidad e ignorancia. Es indispensable para que esta Comisión pueda seguir cumpliendo con su humanitaria tarea que se le conceda una partida anual de 2.000.000 de pesos destinada a llenar las necesidades de las Reducciones y cubrir los déficits que múltiples causas le producen.


Movimiento de expedientes (Año 1944) de la Dirección Nacional de Previsión Social


Número de expedientes generales
entrados y tramitados……………………........   8.780
Número de expedientes correspondientes
a la ley 4.349, de los cuales resultaron
 801 decretos, por los que se acordaron
2.722 jubilaciones, 1.113 pensiones, 585
nuevos haberes y 110 varios……..............  4.630
TOTAL GENERAL……………………................. 13.410
Antes de crearse la Dirección General de Asistencia y Previsión Social para Ferroviarios, la asistencia médica contaba con el aporte voluntario m$n 1.- mensual, con que contribuían casi 53.000 trabajadores, alcanzando estos beneficios únicamente a los asociados de los empleados y obreros de ese gremio, contando desde entonces con derechos de asistencia integral los trabajadores, y sus familiares de primer grado, además estos aportes son efectuados en escala proporcional al sueldo o jornal y también contribuye el Estado, como patrono.
Con esta medida el total de los aportes de ferroviarios activos y jubilados afiliados, ascendió a 200.000 personas, lo que significa, incluyendo los familiares de los mismos, que casi 500.000 personas recibirán en adelante asistencia médica.
Los ingresos mensuales por contribución obrera y patronal han pasado de m$n. 53.000 a más de m$n. 400.000.
Se proyectó el Policlínico de Asistencia y Previsión Social para Ferroviarios, con una capacidad fijada de 500 camas y para la realización de esto, el Ministerio de Obres Públicas, ha cedido un terreno ubicado en la zona del Puerto de la Capital, y al Estado ha acordado un subsidio de n$m 1.000.000.
Además se han establecido numerosos consultorios externos regionales los cuales sirven a los núcleos ferroviarios con la instalación de sanatorios y hospitales.
El trabajador del campo, el más abandonado por los órganos del Estado ha encontrado en la Secretaría de Trabajo y Previsión, un denodado defensor. Originados en la Dirección General del Trabajo, recibirán sanción del Poder Ejecutivo los decretos que fijaron salarios y condiciones para la cosecha fina, la cosecha del maíz y la zafra del azúcar. Previa una investigación y un detallado estudio de las posibilidades económicas de cada zona, fue promulgado el Estatuto del Peón que beneficia a más de 300.000 personas, que trabajan con carácter permanente. Los aumentos otorgados representan alrededor de $ 24 por persona y más o sea 7.000.000 de pesos mensuales, y 83.000.000 por año.
Los problemas del trabajador industrial también han sido considerados. Los ocupados en los Frigoríficos se han visto amparados por un decreto que asegura un mínimo mensual de horas de trabajo; el personal de sanatorios, hospitales particulares y clínicas fueron beneficiados por un ajuste de salarios; los telegrafistas han visto mejoradas las condiciones en que prestan el trabajo; los peluqueros han logrado un nuevo régimen de retribuciones.
En orden a las nuevas estructuras jurídicas, la Dirección General del Trabajo, proyectó el decreto, ya sancionado, creando y organizando los Tribunales de Trabajo, ha modificado la forma de calcular el salario diario a los efectos de la indemnización por accidentes: ha determinado excepciones ocasionales al régimen general de trabajo en razón de las circunstancias provocadas por la guerra; ha solucionado las dificultades que se presentaban en ciertas actividades con respecto al pago de los salarios en días feriados, y ha intervenido en múltiples casos con el fin de aclarar o precisar el alcance, la legislación del trabajo.
La Dirección de Aprendizaje y Orientación Profesional, está desarrollando sus tareas de organización; ha preparado ciclos de conferencias, clases y exhibiciones cinematográficas; ha redactado los programas de cultura general; con la colaboración del Consejo Nacional de Estadísticas y Censos, obtuvo el empadronamiento de los Establecimientos Industriales y de los Menores, que trabajan en ellos; ha trazado las bases del Departamento Psicotécnico. Esta labor de organización se ha unido a varias realizaciones inmediatas, a saber: elaboración de 26 planes de estudios, creación de cursos de perfeccionamiento para obreros; celebración de actos deportivos.
La Caja Nacional de Ahorro Postal, tras una intensísima labor, ha aumentado en el curso de 1944, en 284 % la cantidad de depositantes que tenía en 1940, y el crecimiento de depósitos líquidos en 532. La caja ha requerido la colaboración ofreciendo aguinaldos y libretas de ahorro a sus servidores, en las escuelas oficiales se ha hecho obligatoria la enseñanza del ahorro, y cada establecimiento escolar en una agencia de la Caja; el material didáctico para la enseñanza del ahorro, se ha enriquecido con nuevas películas cinematográfica, láminas, castillas escolares, folletos, etc.; se han realizado giras de fomento por el interior del país, y se ha conmemorado con gran esplendor el Día Universal del Ahorro.
La Cámara de Alquileres, ha proseguido desempeñando su laboriosa gestión de bien público, de acuerdo las disposiciones legales que la rigen y han propiciado la promulgación de nuevas medidas que hace más eficaz su cometido. Entre otras figuras, las referentes a la forma y límites de la prestación obligatoria de los servicios de calefacción y agua caliente y aceptación de consignación de fondos para el pago de alquileres.
La Dirección de Migraciones, ha fiscalizado los pedidos de permiso de entrada. Esta tarea ha podido desarrollarla gracias a la reorganización de los destacamentos fronterizos y a la labor coordinada con la Prefectura General Marítima y Gendarmería Nacional. Ha realizado varios estudios de su especialidad y en lo referente al tránsito de pasajeros con las naciones limítrofes se ha firmado un nuevo convenio con el gobierno de Chile y están en estudio los que regirán las relaciones con Uruguay y Paraguay. Importante ha sido también la tarea del Registro Médico y Secretaría Privada. Todos estos resortes administrativos han cumplido sus funciones con la aspiración común de ser más útiles a la causa de la justicia social. Los Servicios Estadísticos han cumplido sus fines de proveer, en cada caso necesario la confrontación precisa y exacta de los hechos que se deseaba conocer. La Secretaría de Trabajo y Previsión, presta atención preferente a la cultura social por medio de sus Oficinas de Prensa y de Publicaciones Técnicas y la Biblioteca especializada.
El primer dilema que se presentó al enfocar las directivas sociales, estaban planteados en los siguientes términos: se crean potentes instituciones de protección social, que constituyen una valla en torno del trabajador para que pueda él hacer frente a una posible crisis que debemos prever, o se procede a combatir el estado de ansiedad originado por la carestía de la vida.
Al analizar con detención el verdadero sentido del dilema fue posible apreciar que el estado de necesidad no era producido por una elevación circunstancial del costo de la vida, sino por algo peor aún. Era un mal endémico, sufrido como consecuencia del desnivel que desde antiguo existía entre las “necesidades reales y efectivas de la familia obrera y el nivel de las retribuciones”. Estas venían siendo notoriamente insuficientes desde mucho tiempo atrás. No se trataba, pues, de una necesidad transitoria de vida a una circunstancia que originara un accidental aumento del costo de la vida, sino que el nivel de vida era ya insuficiente en épocas normales, e incluso en momentos de auge económico. La razón es obvia. El auge económico lleva aparejada el alza de los precios, pero rara vez los salarios logran una adecuada correlación. Estas razones determinaron que el apasionante dilema fuera resuelto con una fórmula salomónica. Una parte se destinaría a la inmediata liberación de las retribuciones.
Otra, a las previsiones y garantías para el futuro de los trabajadores. Hacer de una vez todo lo que hacía –y sigue haciendo- falta era abrumar la economía general del país, con cargas excesivas y comprometer la eficacia de las mejoras concedidas. Para evitar retrocesos que siempre causan descrédito y fomentan desalientos, se ha avanzado con precaución, tanteando las posibilidades de penetración y consolidación subsiguiente. No hemos olvidado nunca que los derechos y los intereses de los patrones y trabajadores, los resortes vitales de la economía, podían ver entorpecido su desarrollo si practicábamos experiencias arriesgadas o nos lanzábamos a adoptar contraproducentes radicalismos. De esta manera, las retribuciones han ido emparejándose con las necesidades esenciales de la familia obrera por medio de convenios colectivos. La legislación ha sido retocada en ciertos aspectos que la realidad señalaba como perjudiciales y la protección futura se ha establecido a través de etapas que han conducido a la creación del Instituto Nacional de Previsión Social.
No se oculta que la verdadera transformación que debe operarse en las relaciones entre patrones y obreros no debe basarse en la política de los salarios, o mejor dicho en los aumentos de los salarios que puede perderse con tanta o más facilidad con que se logran. La verdadera protección de los trabajadores, se encontrará enana organización potente y efectiva, que opere conjuntamente con una potente organización del Estado de derecho que sea conocedor de las necesidades de todos los grupos sociales y administre justicia sin claudicaciones.
Se me tacha de haber agitado la conciencia obrera del país, de haber creado un problema social que no existía, cuando lo que he hecho ha sido buscar los medios para encontrar soluciones al se venía ocultando. En vez de ocultarlo, en vez de solucionar las desigualdades y las injusticias sociales, lo he puesto al descubierto para que todos supiéramos dónde estaba el mal, que pudiéramos hallar los remedios más convenientes.
La táctica ha sido muy otra de la que habían seguido los gobiernos de las últimas décadas; la táctica anterior consistía en fingir un bienestar social, acreditado tan solo por el orden aparente de la calle, con la finalidad exclusiva de no perturbar las buenas digestiones de la burguesía dorada. El destino económico de los trabajadores estaba exclusivamente en manos de los patrones. Si no las satisfacía un pedido de reivindicación de los trabajadores, se negaban a formar parte de los Consejos de trabajo que autorizaba la ley 8.999 y, ante esta negativa, el Estado ya no podía intervenir. Y si los obreros organizaban un movimiento de protesta o adoptaban cualquier actitud defensiva de sus derechos, quedaban fuera de la ley y expuestos a la represalia patronal y a la represión de la policía.
Pero usar esta política revela poseer una mentalidad muy parecida al instinto del avestruz que mete la cabeza bajo la tierra para no ver el peligro que se avecina, y, además demuestra la sensibilidad característica de los fríos de corazón que podría ser compatible con la ostensible prestación de las obras de beneficencia, combinadas con festejos al aire libre, pero que ni remotamente alcanzan los linderos de la justicia social.
Se comprende pues que no conociendo el arte del disimulo haya expuesto –como era mi deber hacerlo- a la conciencia pública las angustiosas situaciones que acongojaban mis sentimientos a medida que adentraba en el Dédalo inextricable de las leyes, decretos, órdenes, resoluciones, fallos y sentencias, que en gran número de casos coartaban los derechos del trabajador o que, si se les reconocían, había tal cúmulo de trabas y que si no eran letra muerta servían para matar hasta el último resquicio de esperanza en la justicia.
Yo he removido este estado de cosas y si por haber salido en defensa del derecho de los hombres que trabajan, mi nombre ha de ser execrado por los que vivían felices con la infelicidad de cuantos contribuían a levantar o incrementar sus fortunas, ¿Bendigo a Dios por haberme hecho acreedor a tal execración!
Y no es que yo me ponga al lado de los que tienen sed de justicia para enfrenarme con un determinado grupo social. Lo que hago es contribuir con todas mis fuerzas a que cese la arbitrariedad, la injusticia y el egoísmo entre patrones y obreros; a que la concordia presida sus relaciones; a que la malicia en los contratos sea sustituida por la mutua buena fe; en que el trato humano que al personal dispensen los patrones y sus representantes sea la garantía más firma de la disciplina. No soy partidario del desorden en la calle ni en los lugares de trabajo pero debemos comenzar por poner orden al modo de proceder con nuestros semejantes y con mayor motivo con aquellos que contribuyen con su inteligencia y son sus brazos a que prosperen las empresas en que empeñamos nuestra acción.
Hace pocos días ha tenido la honra de dirigirme por radiotelefonía a la opinión pública de nuestro Continente, exponiendo las grandes líneas de nuestra orientación económico-social. Esta orientación expuesta clara y sobriamente puede reunirse así: “Reconocimiento defensa de los derechos e intereses de los patrones y de los trabajadores, para que la Argentina sea una Nación próspera y justa dentro de la hermandad americana”.
Sé muy bien que para alcanzar estas finalidades no basta la simple acción del Estado; sé muy bien que se requiere la acción de las mejores inteligencias y el apoyo de los más esforzados corazones de cuantos juzguen que tal es el deber de la hora actual. Por ello aprovecho esta hora solemne que vivimos en los exterior y en lo interno; este momento decisivo de la historia de la humanidad, este instante de recogimiento de las fuerzas del trabajo en la fecha conmemorativa de su festividad, para hacer una vez más, el llamamiento cordial y sincero a todos los hombres de buena voluntad, patrones y trabajadores, para que, de una vez por todas, sientan la responsabilidad que sobre ellos recae, y que el Gobierno de la Nación comparte en el ordenamiento de las actividades económicas en los ciclos que se avecinan.
Que se convenzan los díscolos, los descreídos , los intransigentes; que se convenzan los resentidos, los amargados, los envidiosos, que se convenzan los impacientes y los retardatarios; la Argentina ha de lograr, por encima de todo, el triunfo de los ideales de la Revolución, porque estos ideales se confunden con el propio ser de la Patria, con el propio sentimiento criollo de comprender la vida y con el propio anhelo triunfal de nuestro pueblo de que sin mentiras ni excusas imperen los principios de nuestra Constitución.
Es preciso insistir en que los principios constitucionales han de imperar libremente, porque ni el fraude ni la violencia, ni las amenazas ni los halagos, ni las veleidades de los hombres, pueden torces los caminos de nuestra vida institucional. Nuestra vida institucional se ha desarrollado en el ambiente tímido y confortable de los salones, con esas flores de invernadero que se mustian al contacto del aire y de los rayos del sol. Hoy la vida es mucho más ardua que la transcurrida en el período que lleva recorrido nuestra patria como país libre y políticamente organizado; hoy necesitamos estar curtidos para que no nos perturbe la intemperie así nos expongamos al aire o a los rayos del sol. Por esto no debemos enfrentarnos con la realidad por dura que sea y conservar toda nuestra presencia de ánimo para resolver los problemas que se nos planteen. Y si nos encontramos ante un problema social grave, que no hemos creado, provocado ni agravado, sino que existía y se disimulaba, que era una realidad peligrosa, debemos apelar a todos los remedios para lograr su curación. Conozco los linderos que separan una reivindicación obrera de índole económico social, de otra que aspire al dominio del proletariado. Conozco que tan peligroso es para nuestra paz interna el extremista que aspira al triunfo para vengarse de las injusticias recibidas como el potentado que financia las fuerzas opresoras del pueblo.
Y conozco, y todo el país ha tenido ocasión de conocer en estos día, cuánto o más peligrosa es la alianza entre unos y otros cuando pretenden a toda costa apoderarse del poder con la secreta esperanza, por parte de cada uno, de sacarse de en medio al aliado para quedar como único amo y señor de la situación.
Que se convenza el país entero de que ni la intimación ni otro medio extorsivo de ninguna clase, nos apartarán del camino emprendido de implantar la justicia social y de devolver al país la Constitución que ahora preservan las armas, para que no la contaminen el fraude ni la violencia.
No debemos seguir conductas equívocas ni emplear métodos tortuosos. Debemos ir con la verdad en la mano. Debemos hacer derroche de sinceridad. Porque por arduos que sean los problemas, siempre se encuentra solución, cuando hay buena voluntad; por esto deseo que se me expongan sus eufemismos y sin reservas de igual modo que si en mi juicio me equivoco, agradezco siempre que se me advierta el error. Soy hombre que tiene la valentía de rectificarse. Por esto desprecio las formas tortuosas y las actitudes solapadas; por esto no transijo con el engaño ni con el disimulo.
Ayer, ante pleno Consejo Nacional de Postguerra denuncié públicamente una maniobra subterránea que, de modo sutil, saboteaba la acción de gobierno en el campo económico. Mientras se procedía a estructurar los resortes de la economía interna en forma que permitiera orillar las dificultades surgidas por reflejo de cinco años y medio de guerra y, mientras se procuraba que nuestro país no estuviera ausente de las estructuras del futuro dentro de la armonía continental, unos grupos capitalistas, los que más se han caracterizado siempre por su oposición encarnizada a las reivindicaciones obreras, tramaron una incalificable maniobra para neutralizar las medidas que venían adoptándose para detener la elevación del costo de la vida, en primer lugar y contrarrestar los efectos de la inflación, en segundo término.
No me refiero a quienes abiertamente –aunque basándose en hechos deformados-, hayan podido expresarme discrepancias o disconformidades con la política económico-social; me refiero a quienes ocultamente han maniobrado sin dar la cara, engañando y confundiendo las conciencias y procurando desacreditar la obra de gobierno para formas un clima favorable a la rebelión y llevar al poder a unos gobernantes que, son sus palabras “restituyeron a las fuerzas vivas del país las quitas que para ellos representan las mejoras concedidas a los obreros”.
Y el clima favorable a la rebelión han venido formándolo de la manera más sutil y solapada que podía ocurrírseles; provocando el aumento general de precios de todos los artículos que no están regulados por la ley 12.591, sustrayendo al consumo las mercaderías que abarrotan sus depósitos y recargando artificialmente el valor de toda clase de negocios y transacciones, con lo que han pretendido agobiar al consumidor, principalmente a la clase media, dándole a entender, con hábiles campañas, que la impericia del gobierno conducida al caos económico.
Resumiendo: algunos industriales y comerciantes, asesorados por letrados especialistas en discutir los derechos de los trabajadores se han coaligado o confabulado para: 1º) provocar aumentos indebidos del precio de las cosas; 2º) beneficiarse ilícitamente con las especulaciones; 3º) desacreditar la obra de gobierno haciendo aparecer ante los consumidores que las medidas de protección social en vez de mejorarla empeoraba su situación; 4º) sabotear las medidas de buen gobierno dictadas para reprimir el agio, la especulación y la inflación; 5º) mantener un estado de inquietud e inseguridad en la población provocando desconfianzas y recelos a la acción de Gobierno; 6º) crear un clima favorable a la subversión social; 7º) aliar a su empresa a cuantos pudieren prestarles un apoyo para intentar el entronizamiento de unos gobernantes que arrancaran las conquistas obreras y restituyeran a los industriales y comerciantes el dinero que han abonado en concepto de aumento de salario, vacaciones pagas, jubilaciones y otras mejoras que en este año y medio último se han establecido.
Estas actitudes obligan al Gobierno a precaverse todavía más para que no puedan repetirse hechos de esta naturaleza. Estas precauciones darán lugar a protesta más o menos veladas censurando las medidas que se adopten para anular o neutralizar tan criminales intentos. Y la credulidad pública, dispuesta siempre a opinar sin el debido conocimiento de los hechos y desconfianza de las informaciones oficiales, volverá a ser vehículo de rumos malsanos que enervan, perturban y pueden llegar a esterilizar las mejores intenciones y los mayores aciertos. Son demasiados solemnes las horas que vivimos para debatirnos en un ambiente irreal creado por fantásticos rumores.
Es conveniente que tampoco sea abultada la situación de los trabajadores en sus pedidos de reivindicación. Es necesario ajustar las necesidades individuales y familiares a las posibilidades de la economía general, no sólo interna sino la creada por la interdependencia mundial.
En esta coyuntura, sería realmente utópico pretender conseguir lo que el país no esté en condiciones de dar. De ahí que de nuevo, insista en recomendar la posición de equilibrio y comprensión entre los patronos y trabajadores con el concurso efectivo del Estado, no para que éste gobierne en casa ajena, sino para que oriente, aconseje y haga cumplir lo que mejor resulta al bienestar de la comunidad nacional.
En esta trayectoria que me he trazado para orientar el ordenamiento económico-social argentino. No hay badazos hacia la derecha ni hacia la izquierda. Hay el propósito firme de evitar que la nace del Estado encalle en un banco de egoísmos o en un banco de odios, por que el desastre sería idéntico.
Repito una vez más que las reivindicaciones logradas por los trabajadores argentinos han de persistir y que las fuentes de riquezas serán estimuladas y respetadas; pero también repito que la rebeldía, el “sabotaje” y la intriga, venga de donde viniere, será arrancada de raíz.
En estos últimos días algunas empresas comerciales, sociedades anónimas, bolsas de comercio, etc., elevan pedidos al Gobierno. En este movimiento que es absolutamente político, leo algún nombre de gran significación, que he leído también en algunos de los documentos de la conspiración a que antes me he referido.
Sería edificante en realidad, aceptar que hubiera tanta preocupación patriótica, en nuestro mundo de los negocios. Un grupo de “políticos criollos” está en cambio mezclado en todo esto. Se pretende obtener que la reforma social naufrague. Se busca alcanzar que el Gobierno se asuste y se deje manejar por los señores de siempre y sean instrumentos de sus manejos.
Estamos frente a Europa destruida. Tenemos Camps y tierras fértiles. Somos trabajadores y no somos tontos. La República Argentina es casi el único país del mundo que puede criar y engordar a la intemperie, sin techo, inmensos rebaños de animales, que debemos vales por lo que valen a quienes los necesitan. Tenemos la única tierra del mundo que dará cuarenta años de trigo sin abonarla.
¿Por qué tanto miedo?
Estos señores que hacen peregrinaciones ante el Gobierno hay que aceptar que son en su mayoría intermediarios; que ninguno de ellos extrae la riqueza de la tierra ni la elabora. La sociedad humana debe ser una cosa orgánica no un río revuelto. Una cosa es producir y otra traficar con el producto ajeno. Peor aún cuando los que manejan desde bambalinas son los políticos que ambicionan volver a ser el instrumento de las combinaciones económicas que los financian y los utilicen.
El gobierno vela por el bien del país. Esta es su principal preocupación y lo que anima todos sus actos. Los argentinos útiles deben estar tranquilos, trabajar y producir; entregar sus productos argentinos al mundo hambriento y necesitado y todos los “fantasmas” con que los traficantes quieren asustar, desaparecerán.
La riqueza de la Nación, extraída del suelo por las duras manos del labriego y elaborada por las callosas manos del obrero es el patrimonio del pueblo al servicio de su felicidad y de la grandeza material de la patria. No podría justificarse ni aceptarse que lo fuera en beneficio de una clase y menos aún de los traficantes de mercancía, verdaderos prestidigitadores del precio, que al pasar la riqueza ajena por sus manos, pierde la mitad real de su valor para su verdadero propietario.
La especulación incontrolada es el azote más terrible para el elemento humano de los pueblos que los condena a una muerte lenta por inanición.
El salario es la base y el punto de partida de todo el ordenamiento económico-social, por que la salud y el estómago no admiten economías. Nadie debe en estos tiempos pretender competir en precios a base de salarios de hambre. La competencia ha de buscarse en el orden interior como internacional, por la perfección orgánica, la mejor mano de obra, la maquinaria moderna y la nobleza de calidad.
El Estado, custodio de la justicia social y de la honradez como del honor nacional en su aspecto integral, tiene la obligación de velar porque no se desvíe el curso verdadero de la justicia distributiva. Por eso, la justicia que propugnamos como base de la convivencia armónica de la ciudadanía nacional, tiende sencillamente a dar al “Cesar lo que es del Cesar”.
Sabemos que el último decreto-ley de granos será criticado en las bufetes porteños, pero la Secretaría de Industria y Comercio, asegurará al chacarero con él, mas de cien millones de pesos que, de otra manera, irían a parar a la bolsa de intermediarios.
Sabemos que las conquistas sociales serán resistidas, pero la Secretaría de Trabajo y Previsión, asegurará con ellas el pan de los pobres y el derecho que ellos tienen de vivir como la gente.
Labriego y obrero, verdaderos artífices de la riqueza de los pueblos, reivindicarán sus derechos al amparo del Estado que propugna una justicia superior a las demás justicias de las tierra.
JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 19 de noviembre de 2019

Hace 46 años Perón hablaba a los hermanos uruguayos




DISCURSO EN MONTEVIDEO DURANTE LA FIRMA DEL TRATADO DEL RÍO DE PLATA
 Juan Domingo Perón 
[19 de Noviembre de 1973]


Señores: es muy profunda mi emoción ante un acto que concreta un hecho largamente esperado por ambas naciones. Para llegar a él, uruguayos y argentinos hemos debido recorrer un camino largo y difícil.
Muy vivas están en la memoria aquellas jornadas de 1910, cuando Gonzalo Ramírez y Sáenz Peña protagonizaron en esta misma ciudad de Montevideo, con el protocolo del 5 de enero, la memorable puesta en ejecución de un instrumento que diera fin a innumerables controversias y equívocos entre nuestros dos países.
Nueva perspectiva
Los hombres de 1910, movidos por un patriotismo que honra las más puras tradiciones rioplatenses, consagraron un principio de entendimiento que tuvo vigencia durante muchos años. Pero el crecimiento del transporte, las comunicaciones, el incremento del comercio entre ambas orillas, establecieron una nueva perspectiva en nuestra relación bilateral. Una nueva dinámica nos exigía avenimos al nuevo ritmo de los hechos. No podíamos quedarnos un paso atrás de la historia. En más de una oportunidad, sin embargo, llegamos a pensar que los problemas superarían nuestro propio talento. En ningún momento nos dejamos vencer, porque el corazón nos decía que entre argentinos y uruguayos no podría interponerse una valla insalvable. En todo instante la sensatez y la inteligencia de nuestros mutuos negociadores privó sobre los naturales escollos de una negociación en la que se dirimían derechos esenciales a los intereses de ambas naciones.
A este respecto, es reconfortante comprobar la existencia de constantes emocionales en los hombres de gobierno de Uruguay cuando se trata de reconocer el silencioso valor de la tarea de técnicos y diplomáticos, que inevitablemente precede a este tipo de acuerdos.
En 1910, Gonzalo Ramírez y Sáenz Peña encontraron lugar a expresiones de ponderación para con los expertos que hicieron posible el establecimiento del protocolo firmado por ambos hombres públicos.
Fiel a ese sentir y para satisfacción de los hombres uruguayos y argentinos que trabajaron sin fatiga en el
Tratado de hoy, vayan mis palabras de encomio a su exitosa tarea. Este instrumento que acabamos de firmar constituirá, no caben dudas, uno de los hechos más trascendentales de la historia rioplatense del siglo. Con él, eliminamos hasta el último vestigio conflictivo en nuestros ámbitos fluviales y marítimos que, eventualmente, hubiera podido perturbar nuestras relaciones futuras.
Creo que debemos dar la enhorabuena a esta realidad que de hoy en adelante hará posible una relación mucho más fecunda entre ambos pueblos, tanto más cuando que en anteriores épocas y en circunstancias diversas, la ausencia de un instrumento adecuado dio lugar a frecuentes interferencias ajenas a nuestros mutuos y auténticos intereses
Ejemplo internacional
En el porvenir, el Tratado no sólo servirá para allanar meras dificultades de orden jurisdiccional, sino que será el instrumento más eficaz en la defensa de intereses comunes a los dos pueblos. Igualmente, posibilitará una acción ejemplarizadora en el orden internacional, en cuyo terreno Uruguay y la Argentina, como es bien sabido, han ocupado una posición de avanzada.
En muchas oportunidades nuestros dos países sentaron principios que fueron recogidos por la comunidad de las naciones como valiosos aportes al Derecho Internacional. Un nuevo ejemplo de lo que acabo de expresar es la efectiva reglamentación del internacionalmente aceptado mecanismo de consulta mutua, con referencia a la utilización de las aguas y el lecho del río
Hemos tomado conciencia de las enormes riquezas naturales de que disponemos, cuya defensa y racional aprovechamiento nos crea una obligación irrenunciable ante la humanidad. A este respecto, el Tratado hoy suscripto es un principio de cumplimiento de ese deber, puesto que establece normas concretas sobre contaminación y preservación de los recursos vivos del río y del mar.
Los beneficios para ambas partes serán innumerables. El valor del paso que hemos dado trascenderá a nosotros mismos y a nuestros días. Avizoro un horizonte lleno de esperanza para ambas naciones: nuestros pueblos lo merecen.
Me anima la íntima y vigorosa convicción de que uruguayos y argentinos debemos celebrar, alborozados, la concertación de este instrumento que abre las puertas a una etapa auspiciosa a nuestras relaciones.
Señores: Rememoro con un hondo fervor aquellas horas solemnes de enero de 1910, cuando esta ciudad de Montevideo abrigó, con toda su generosa y tradicional hospitalidad de hermana rioplatense, la presencia del enviado del gobierno argentino, D. Roque Sáenz Peña.
Voluntad superior de los pueblos
Páginas cargadas de historia me permiten recordar su esclarecida palabra, precursora de circunstancias que a nosotros nos toca hoy protagonizar: Suscribir el protocolo de la fraternidad uruguaya y argentina -decía Sáenz Peña- no es crear una política distinta de la que nos viene impuesta por nuestra tradición y el vivo anhelo contemporáneo; eso sencillamente confirmaría, refrendado con el sello de las dos Cancillerías, la voluntad superior de estos pueblos que alientan una misma alma sensible a los calores y al genio de la raza y representan una sola sociabilidad asentada sobre dos soberanías.
Yo me permitiré otorgar a esas palabras la calidez de su vigencia, de su hondura y su valor trascendente. Suscribir este Tratado de hoy es consagrar, para siempre, la fraternidad uruguaya y argentina; es dar vigencia a una política que emana de la tradición, el anhelo y la voluntad superior de nuestros dos pueblos, informados de una misma alma y el genio de su raza, representantes de una misma sociabilidad asentada sobre dos soberanías.
Abrazo simbólico
Un mismo cielo cubre nuestras dos orillas, su azul se refleja en nuestro paisaje, en nuestras aguas y en nuestras banderas. Aceptemos ese simbólico abrazo de la naturaleza como un signo de fraternidad que nos convoca a la paz, al trabajo en común, a la prosperidad y a la felicidad de nuestros dos pueblos.
Por que así sea, ruego a Dios que permita que un día podamos decir que al haber acordado los principios justos en que se asientan nuestros Tratados, construimos la fraternidad que todos anhelamos desde lo más profundo de nuestro corazón. No quiero terminar estas palabras sin hacer llegar a todos los señores, con mi más profunda emoción, el agradecimiento de un argentino más que eso es lo que soy frente a lo que he presenciado del pueblo de Montevideo, que quedará para mí grabado mientras viva, no solo en mi recuerdo sino también en mi gratitud.
JUAN DOMINGO PERÓN

viernes, 24 de mayo de 2019

Hace 45 años Perón hablaba en el Teatro Nacional Cervantes




DISCURSO EN EL CONGRESO NACIONAL JUSTICIALISTA, REUNIDO EN EL TEATRO NACIONAL CERVANTES

“Para ganar una elección lo que se necesita es tener votos. Cuando se llega al gobierno, ya los votos no sirven para gobernar; para ello se necesitan hombres capaces y organización” Juan Domingo Perón  [24 de Mayo de 1974]


Compañeras y compañeros: quiero manifestarles la inmensa satisfacción que experimento, al poderlos saludar directa y personalmente, rogándoles a todos los delegados que lleven a sus regiones este afectuoso saludo que yo hago llegar, desde el fondo de mi corazón, a todos los peronistas del país.
Modificando mi norma de conducta, he querido llegar hasta este congreso peronista como un peronista más, ya que, desde el punto de vista del presidente de la República, debo mantener una absoluta ecuanimidad en el aspecto político, a fin de poder mantener un equilibrio que permita al país contar con la buena voluntad y el apoyo, aún de la oposición política. Porque esa es la única manera de conjugar a la totalidad de los argentinos que necesitamos para esta hora de reconstrucción y liberación de la patria.
Me siento feliz de ver que mis compañeros peronistas llegan hasta este congreso a fin de afirmar la institucionalización del movimiento.
El movimiento peronista ha sido, desde su creación, una organización tanto “sui generis”, y como en todas las revoluciones, ha primado desde los primeros momentos un sentido gregario, con una conducción perfectamente organizada en el sentido vertical.
Así ha sido posible llegar hasta nuestros días después de treinta años de conducción política, realizada directamente por el jefe del Movimiento y sus órganos auxiliares en el comando de toda actividad peronista. Es indudable que esto obedece ya a una regla histórica en los movimientos revolucionarios. El gregarismo es, sin duda, el factor decisivo en la promoción de los movimientos revolucionarios, pero es necesario comprender que si eso puede ser indispensable en los primeros tiempos de la acción de un movimiento de masas como el nuestro, es menester pensar que su consolidación en el tiempo sólo puede realizarse a través de una organización.

El hombre no vence al tiempo; lo único que puede vencer al tiempo es la organización. Por eso creo que después de treinta años de acción peronista, dentro de un sistema gregario, es indispensable que comience a accionarse rápidamente hacia una institucionalización que le dé al Movimiento un estado orgánico que, como dije antes, es el único que puede vencer al tiempo.
Desgraciadamente, ya han transcurrido muchos años para nuestro Movimiento y es necesario ir pensando en que hay que cambiarle su sistema de conducción, para darle una conducción institucional y orgánica, que es la que puede continuar en el tiempo.
Cuando caímos, en el año 1955, precisamente, mi primer pensamiento fue el de institucionalizar el Movimiento, a través de los comandos de exiliados y de una organización con que se pudo seguir la conducción de un Movimiento, en ese momento un tanto disperso.
También pensé durante estos dieciocho años que ya debíamos haber realizado nuestra institucionalización, para la cual recurrí a un sistema de simbiosis; es decir, más o menos como ocurre en la botánica, cuando se plantan dos árboles juntos, éstos crecen y luego sale un tercero que no es ni uno ni otro, pero que no se diferencia mucho de uno y de otro. Vale decir, mantener el Comando Superior Peronista y dejar actuar a los órganos locales de la conducción de nuestro Movimiento.
Entre esos dos factores, yo pensé siempre en la posibilidad de una simbiosis que permitiera ir retirando cada día más a Perón y dejando a la institución que había de reemplazarlo. Pero los resultados que se han obtenido en el orden de la institucionalización no han sido muy halagüeños. Ha prevalecido el sentido gregario de nuestros primeros tiempos. Hay que convencerse de la necesidad absoluta de lograr la institucionalización, ya que hoy más que nunca, estando en el gobierno, debo prescindir, por razones de convivencia política, de mi intervención directa en la política partidaria del Movimiento.
Hoy los peronistas tienen que ser manejados por los peronistas y no por Perón, porque yo tengo otras funciones que son antitéticas con la intervención directa en la acción política partidaria.
Si yo quiero poner a todos los argentinos a tono, tengo que tener un tono diferente a todos los argentinos; o sea, una prescindencia que me permita asegurar una ecuanimidad en todos mis procederes como presidente de la República, a fin de que nadie se sienta entenado en una familia en que todos deben ser hijos.
Sin embargo, compañeros, es necesario pensar que presenciamos algunos espectáculos, especialmente en algunas provincias, poco edificantes para nuestro Movimiento. Quiere decir que no es la disciplina partidaria lo que brilla en la actual situación de nuestro Movimiento. La disciplina partidaria tiene que ponerse en acción a través de las autoridades que, afortunadamente, elegirá este congreso, que será de una gran trascendencia para el futuro peronista.
Pienso que es indispensable que le Comando Superior Peronista desaparezca para dejar lugar a la conducción por el Consejo Superior Peronista y todas las dependencias de ese Consejo Superior; a través de los Consejos en las provincias, y en las ramas en que el Movimiento Peronista se articula.
Este congreso tiene una gran trascendencia, y pienso también que los hombres que este congreso elija para dirigir y conducir el Movimiento Peronista, tienen una gran responsabilidad frente al futuro del Movimiento.
Hay que pensar que yo puedo desaparecer, que por el momento soy el elemento de aglutinación de los peronistas. Es necesario que eso se reemplace con un sentido de solidaridad peronista; solidaridad que ha de asegurar la cohesión que, en muchos casos, es lo que está fatalmente en el actual Movimiento.
Esta no es una crítica simple. Si un movimiento multitudinario como el nuestro ha resistido a través de dieciocho años de exilio y de intentos de destrucción, es porque es una cosa firme y no muy fácilmente destructible.
Pero, señores, eso no ha de envanecernos, porque indudablemente los Movimientos, como el peronista, tienen una función de inmensa trascendencia para la nacionalidad y tienen también una tremenda responsabilidad frente a un futuro que, en cierta medida, dependerá de lo que cada uno de nosotros seamos capaces de hacer.
Para ganar elecciones es suficiente tener votos. Nunca me olvido que cuando comencé este trabajo, en 1945, un amigo conservador, que vino un día a visitarme, me dijo: “¿Pero van ustedes a presentarse a una confrontación política? Necesitan tener dinero y organización, y ustedes no lo tienen. ¿Cómo se van a presentar?”
Le contesté: “Yo difiero con usted; creo que para ganar una elección lo que se necesita es tener votos”.
Efectivamente, se realizaron las alecciones y, sin dinero y sin organización, ganamos; pero nos quedaba el rabo por desollar.
Cuando se llega al gobierno, ya los votos no sirven para gobernar; para ello se necesitan hombres capaces y organización.
Porque la política está constituida por dos procesos: para llegar, es un proceso cuantitativo; para gobernar, cualitativo. Con hombres solamente tampoco se llega, aunque sean muy capaces todos, porque si no hay unidad de concepción y de acción, aunque todos sean muy sabios y muy capaces, terminarán a los sillazos, como a menudo sucede.
Eso lo ha logrado nuestro Movimiento desde los primeros días. Es decir, hemos llegado a tener un Movimiento con unidad de doctrina, con unidad ideológica y que durante treinta años ha subsistido firme en las premisas fijadas cuando nos echamos a andar. Sólo que hoy hay algunos que se dicen peronistas, que no piensan como pensamos doctrinariamente los peronistas de siempre.
Decía, compañeros, que, indudablemente, a todos los que se dicen peronistas y desvarían ideológica o doctrinariamente, deberemos recomendarles que lean La comunidad organizada, La doctrina peronista y Conducción política.
Pienso, compañeros, que dentro del peronismo, cualquiera debe pensar y sentir como se le dé la gana, siempre que no saque los pies del plato.
Existen en el país un sinnúmero de ideologías y doctrinas diferentes. Al que no esté de acuerdo con la doctrina peronista, nadie lo obliga a que se quede con nosotros: que se vaya. Cuando se organiza una fuerza política, es preciso que se tengan en cuenta dos premisas: en primer lugar, que jamás debe ser sectaria y, en segundo término, que no puede ser un movimiento – diremos, regular, orgánico y funcional- si todos los que lo forman no tienen la misma concepción y, en consecuencia, la unidad de acción indispensable.
Nosotros no somos un partido político sino un gran Movimiento nacional y, como tal, hay en él hombres de distinta extracción. Por mi parte, siempre cuento una anécdota de algo que me sucedió en la etapa inicial de nuestro Movimiento. Cuando empecé a organizarlo, había hombres que provenían de la derecha y, en realidad, eran de la reacción de la derecha. Del otro lado, había unos de izquierda y algunos, un poquito pasados de la izquierda. Pues bien: un día vino un señor de la derecha y me dijo: “General, usted está metiendo a todos los comunistas”. “No se aflija”, le respondí, agregando: “Yo pongo a ésos para convencerlo a usted, que es reaccionario”.
Los movimientos populares y masivos como el nuestro no pueden ser sectarios. El sectarismo es un factor de eliminación y es poco productivo cuando en un movimiento de masas se comienza prematuramente a eliminar a aquéllos que no piensan como el que lo forma. Vale decir, resulta necesario ver esa enorme amplitud, sin ningún sectarismo.
Los sectarismos son para los partidos políticos, pero no par los movimientos nacionales como el nuestro. Pero todo tiene un límite. Es indudable que no es suficiente con que yo diga que soy peronista para que todos crean que lo soy, porque en este sentido lo que uno dice no tiene el valor de lo que uno hace; y pensamos que dentro de nuestro Movimiento, desde siempre, para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar.
Por eso, nosotros a priori no rechazamos a nadie. Bienvenido sea todo aquel que quiera venir a formar parte del peronismo. En nuestro Movimiento nadie es peronista por derecho propio, sino porque pertenece a un Movimiento. Si pertenece al Movimiento, es peronista el que siente la ideología y la doctrina del peronismo.
Siempre hemos tenido una inmensa tolerancia, y la debemos mantener porque las grandes organizaciones institucionales obedecen a las mismas leyes que la organización fisiológica del individuo, por ejemplo. Si a una persona se la tiene esterilizada, sin contaminación de ninguna clase, el día que tome contacto con los demás, adquiere todas las enfermedades habidas y por haber, porque no tiene defensas, ya que éstas se producen, precisamente, por el microbio que entra al organismo, que genera sus propios anticuerpos. Por eso es que se lo vacuna a uno para que en el futuro no vuelva a tomar la misma enfermedad.
De ahí que en los movimientos institucionales como el nuestro es necesario dejar que entren también algunos microbios, porque éstos generan sus propios anticuerpos y crean las autodefensas de la organización.
En la defensa de nuestras organizaciones rige el mismo principio. Si a una persona, por cualquier causa, le aplican antibióticos, llega un momento en que estos antibióticos no le surten ningún efecto.
En esto, no demos antibióticos; dejemos que esos gérmenes patógenos generen los anticuerpos, que suelen entrar en nuestras organizaciones. Pero tengamos la precaución de no dejar avanzar mucho las infecciones; porque, indudablemente, cuando esas infecciones llegan a cierto grado no se dominan ni aún con la penicilina.
Es necesario vivir vigilantes, como todos vivimos. No porque tengamos autodefensas nos vamos a estrechar y compartir con los que están enfermos de una enfermedad contagiosa.
Es necesario mantener cierta prudencia para evitar las infecciones. En la organización ocurre exactamente lo mismo. Tengamos cuidado con los gérmenes y desinfectémoslos a tiempo, que eso será siempre saludable. No les tememos, porque así como nosotros transitamos por la vida sin temor a las infecciones y a los microbios, y supervivimos debido a que tenemos nuestras autodefensas, de la misma manera nuestro Movimiento tiene sus autodefensas, las que se manifiestan inmediatamente que se detecta la presencia de un germen patógeno.
Por eso, compañeros, las tareas de las organizaciones que han de conducir el Movimiento, como las de los dirigentes que han de encuadrar su masa, necesitan vivir vigilantes y atentos, sin extremar las cosas.
Hasta cierto punto todo es tolerable y beneficioso: más allá comienza a ser intolerable y perjudicial.
Hay que tener el sentido de la medida y de la realidad. El que conduce no puede apartarse jamás de esa prudencia y de esa sabiduría, que son indispensables dentro de la responsabilidad del que ha de conducir.
La conducción por organizaciones es la más difícil de todas las conducciones. La conducción individual, por sentido gregario, es relativamente simple, cuando hay convicción y acatamiento. La conducción por organismos es mucho más difícil, porque es más difícil poner de acuerdo a veinte cabezas que a una cabeza. Sin embargo, esto es indispensable que lo hagamos, no sólo por ahora, sino también para el futuro. Para ahora es indispensable porque estamos gobernando y, en algunos aspectos, por falta de organización, de solidaridad y de unidad de concepción, estamos perjudicando la unidad de acción que debe caracterizar al Movimiento en el gobierno. No es posible dar el espectáculo que hemos dado en algunas partes, donde los peronistas se pelean entre ellos todos los días y algunos de los gobiernos son ineficaces porque tienen que atender más la lucha de sus propios compañeros que las luchas que tienen que realizar para enfrentar los problemas.
Toda esta acción, que es compleja, terminará si nosotros desde los organismos de dirección actuamos con capacidad y con inteligencia, desplazando a aquellos elementos díscolos que no aceptan la disciplina de conjunto. O a aquellos peronistas que prefieren hacer la pelea en la calle, con murmuraciones y tumultuosamente, cuando en realidad, de verdad, los peronistas, en cenáculos cerrados, pueden discutir y decir lo que quieran, sometiéndose después a lo que decida la mayoría, y salir a la calle a defender todo lo que se ha resuelto, con al misma decisión.
Salen a discutir los problemas con los demás, los que pensaban de una manera y los que pensaban de otra, como si ellos hubieran sido los que tuvieron la iniciativa que dictó o impulsó la mayoría. En los cuerpos colegiados no hay otra conducta. Esa es la única conducta que puede hacer posible el éxito de la conducción en cualquiera de las tareas que ella impone.
Por eso, compañeros, creo que la tarea que tenemos por delante en el peronismo es, precisamente, una tarea de adoctrinamiento porque, en estos años de lucha, nos hemos apartado un poco de la doctrina que siempre hemos sostenido. Y hay muchos que creyéndose peronistas, a lo mejor están sosteniendo todo lo contrario de lo que nosotros venimos pensando desde hace treinta años.
En todo Movimiento como el nuestro, hay una ideología que es permanente y una tradición que también debe ser permanente. Fuera de lo que esa tradición y esa ideología imponen como permanente, no pude haber más que herejes para el Movimiento.
Está bien que cambiemos los métodos de acción, que cambiemos las formas de ejecución, pero lo que no puede cambiar es lo que desde el primer momento hemos establecido como la gran línea directriz de nuestro Movimiento, de la cual no debemos apartarnos, pues si nos apartamos, no somos peronistas, sino de cualquier otra tendencia. Lo inconcebible es que digamos que somos peronistas y hagamos todo lo contrario de lo que el peronismo viene sosteniendo desde hace treinta años. Reitero: esto es inaceptable para nuestro Movimiento.
Los que han de conducir el Movimiento Peronista en el futuro, cuyas autoridades saldrán de lo que decida este congreso, deben pensar que nosotros estamos realizando una verdadera revolución, fuera del infantilismo revolucionario, que no es lo mismo. Estamos realizando una revolución, pero en paz, utilizando, como he dicho yo, dos ingredientes que la revolución pone en juego, que es la sangre y el tiempo. Si queremos ganar tiempo. Gastaremos más sangre, y si queremos ahorrar sangre, utilizaremos más tiempo. Al gasto de sangre, nosotros preferimos el gasto de tiempo.
No vive nuestro país tiempos para acciones realizadas a la tremenda, por cuanto tiene dos tareas que realizar: en primer término, reconstruir un país que ha sido destruido en gran parte, comenzando por los hombres; en segundo lugar, liberar al país, pero mediante una liberación efectiva y real, sin provocar perjuicios.
Considero que debemos tomar las cosas en la realidad. Sin embargo, hay algunos que quieren expulsar a todas las compañías que hasta ahora han sido multinacionales. Mientras tanto, en otro sector vecino se sostiene que hacemos inversiones y que los extranjeros no invierten aquí.
Entonces, pregunto: ¿a cuál de estos dos hacemos caso? Creo que a ninguno de los dos, máxime que en lo que se refiere a esas compañías extranjeras, nosotros tenemos el poder de decisión. Vale decir, si ellas están de acuerdo con las leyes que se han dictado, deben hacer lo que decimos nosotros. Para ello, no necesitamos expropiarlas ni echarlas del país, en virtud de que constituyen factores de desarrollo indispensables.
Los que quieren inversionistas de este tipo, ya no tienen lugar en nuestro país porque ahora los que invertimos somos nosotros. Y si algunos extranjeros quieren invertir, ellos serán bienvenidos siempre que obedezcan las disposiciones que nosotros tomemos respeto a su producción.
Hace poco se ha producido un fenómeno que ha puesto en claro esta situación. Varias empresas industriales pusieron algunos reparos para exportar a países que a ellos no les eran gratos. Se llamó a esos señores y se les dijo: “Si son gratos o ingratos para ustedes, eso a nosotros no nos interesa; basta que sean gratos para nosotros”.
Entonces, en el alto nivel se planteó esta situación, pero a nosotros no nos interesó. Hicimos los acuerdos con los países a los cuales queríamos venderles, y les vendimos. Si estos señores se hubieran seguido oponiendo, hubiésemos tomado otras medidas. Esto no fue necesario hacerlo, porque enseguida vinieron y dijeron: “Si señor, nosotros hacemos lo que hace el gobierno”. Para nosotros eso es suficiente.
Compañeros: en esto, por sobre todas las cosas, debe prevalecer la defensa de los intereses de la Nación. La liberación no es un problema de violencia sino de inteligencia. Los que colonialmente están sometidos, siempre es por dos causas: unos, porque son débiles, encuentran favorable ese camino y se entregan, y otros porque son tontos y los dominan a la fuerza. De estos dos caminos tenemos que liberarnos.
La liberación no es un problema de salir a matar todos los días a un extranjero que está en el país, y menos aún de recurrir al robo, al secuestro o al asesinato para resolver problemas, porque esto se resuelve con buena voluntad, en paz y con tranquilidad, si se sabe proceder inteligentemente.
En el Movimiento Peronista, ésta ha sido la norma; siempre hemos procedido dentro de esos lineamientos.
En 1955 caímos porque yo aprecié que no valía la pena provocar en el país una guerra civil que lo hubiera atrasado cincuenta o cien años y que hubiera llevado a la muerte a uno o dos millones de argentinos, a pesar de que teníamos la fuerza necesaria para impedirla.
Recuerdo siempre que uno de mis asesores militares –que en ese entonces actuaba en la Secretaría de la Presidencia-, me dijo un día, un poco disgustado: “Si yo fuese Perón, peleaba”.
Le contesté: “Si yo fuera usted, a lo mejor también peleaba, pero yo tengo la responsabilidad y sé que este tipo de luchas intestinas no sólo matan millones de argentinos sino que también atrasan al país por un siglo”. Y si no, veamos lo que les ha costado a quienes hicieron ese tipo de revoluciones, y lo que han alcanzado después de hacerlas. A lo mejor han quedado peor que antes.
Señores: en esto hemos sido siempre pacifistas. Lo he declarado toda mi vida. Soy un general, y a veces tengo que estar tirándome de la cola porque tengo todavía el general adentro.
Esto no es cuestión de lucha cruenta ni violenta; más bien es una tarea de construcción permanente en la cual todos debemos poner la mejor buena voluntad para que se realice lo necesario para llegar al engrandecimiento del país y a la felicidad del pueblo argentino.
Procediendo de esta manera se evitará tener que matar a un solo argentino.
Esa ha sido la posición de nuestro Movimiento.
Cedimos en aquella oportunidad y algunos dijeron que yo era flojo. ¡No! En esto, un general que manda desde muy lejos y muere en la cama tranquilo, con un montón de inyecciones, no es una cuestión de valor personal ni directo. Es cuestión de pensar en las consecuencias y apreciar lo que será el proceso, a fin de resolver aquello que es más conveniente para la Nación.
Nosotros sólo somos agentes de ese porvenir, de esa felicidad y de esa grandeza. Si como agentes de eso no defendemos al país, no estamos cumpliendo con nuestro deber, aunque para eso sea necesario despojarse de la pasión, del amor propio y de todas esas cosas que tiene poco valor frente al futuro de la Nación.
Compañeros: constituidas ahora las autoridades de nuestro Movimiento, espero que dediquemos un tiempo a la difusión de nuestra doctrina, porque creo firmemente que es indispensable hacerlo. Es así como llegaremos a la comprensión de los problemas que el Movimiento impone; llegaremos también, a través del conocimiento de esa doctrina, a una unidad de concepción; y a través de esa unidad de concepción, aseguraremos también la unidad de acción peronista.
El gobierno tiene su grave responsabilidad y no se puede cometer actos partidarios que pongan en peligro la defensa de esa responsabilidad por la cual todos tenemos que preocuparnos. Por eso, muchos hechos que se han producido, en algunas provincias especialmente, nos han llevado a la necesidad de intervenir a una de ellas. Problemas que no se han producido entre el gobierno y la oposición política, sino entre el gobierno y los sectores peronistas, a los que ahora se les ha dado por combatir entre ellos. ¿Por qué? Porque no combatimos contra la oposición; es decir, parece que tienen tanta sangre torera, que quieren estar todos los días peleando.
Cuando un peronista, esté en el llano o en las organizaciones de cualquiera de las ramas que componen el Movimiento, no está conforme con una acción de gobierno debe recurrir ante quien lo pueda remediar, pero no dedicarse a murmurar en la calle y a organizar obstáculos, porque con eso no se consigue sino exacerbar los ánimos y provocar una lucha estéril, que será aprovechada por los enemigos políticos nuestros para acopiar influencias y para denunciar ante la opinión pública que somos irresponsables, porque estamos peleándonos entre nosotros en vez de cumplir la obligación para la cual hemos sido elegidos, que es la de gobernar y gobernar bien.
Espero, compañeros, que se concrete la organización de las fuerzas del Movimiento, es decir, la rama política masculina, la rama política femenina y la rama sindical, que fueron las tres grandes fuerzas que se nuclearon para formarlo y para proyectarlo en el futuro. Se había pensado en una rama juvenil, pero los hechos han demostrado que es una anarquía tan grande la que reina en ese sector, que vamos a desensillar hasta que aclare.
Hasta ahora nosotros habíamos sido los que somos, y somos muchos, con las ramas existentes, donde los muchachos se incorporaron al Partido Peronista masculino y las muchachas al Partido Peronista femenino. Los sindicatos también tenías su juventud, dentro de sus respectivas organizaciones. No queremos incorporar la manzana de la discordia dentro del Movimiento.
Por esa razón, creo, y así aconsejo a las organizaciones, que es menester que nos mantengamos con nuestras propias ramas, hasta que este panorama aclare.
La juventud es bienvenida, pero, naturalmente, no queremos que después de su bienvenida nos haga un bochinche dentro del Movimiento.
Ya manifesté que siento una profunda admiración por la juventud, pero es preciso que esa juventud, al incorporarse a nuestro Movimiento, no pretenda tomar la dirección y conducción del mismo. Somos muchos y tenemos mucha experiencia, como para entregarnos a la improvisación que bien puede conducirnos a un fracaso. Doctrinaria e ideológicamente, nosotros no hemos tenido jamás un fracaso. Por eso hemos resistido siempre. No me olvido nunca lo que me contaba Isabelita después que visitara China. Un día le dijo a Chou En Lai que teníamos una juventud maravillosa. Y éste le dijo: “Sí, pero no hay que decírselo”. Este es un consejo de una profunda sabiduría. Tenemos una juventud maravillosa, pero, ¡cuidado! La juventud será maravillosa si incorpora nuestra experiencia. Si hace caso omiso a esa experiencia que nos ha costado mucho adquirir, puede producirle al Movimiento muchas lágrimas en el futuro.
Por eso, compañeros, sigamos como hasta ahora, que no nos ha ido tan mal como algunos creen. Sigamos firmes en nuestra posición. Los conductores del Movimiento que han de tomar desde ahora la dirección total del mismo, deben pensar que es necesario volver a los cánones de nuestra doctrina y de nuestra ideología a fin de realizar una conducción sin sectarismos, pero también sin desviaciones.
El sectarismo sería perjudicial cuantitativamente; la desviación, lo sería cualitativamente.
Evitemos los dos males. Éstos sólo se evitan con una extremada prudencia en la conducción, que dentro del Movimiento Peronista está facilitada. Y lo está por muchos años de adoctrinamiento que tenemos los viejos, por mucha experiencia que tenemos los viejos y los hombres maduros, por todo lo que hemos pasado y que ha dejado una enseñanza extraordinaria. Esa experiencia no se adquiere sino verdaderamente en el sacrificio de las cosas que han sucedido.
Compañeros: podría decir como Martín Fiero: “les doy estos consejos, que me ha costado adquirirlos porque deseo dirigirlos; pero no alcanza mi ciencia para darles la prudencia que precisan pa’ seguirlos”.
Finalmente, quiero despedirme de ustedes, en primer lugar, rogándoles que lleven todo mi cariño a los compañeros de todas las regiones que ustedes representan y, además, agradecerles la concurrencia para dilucidar estos problemas tan importantes referidos a la conducción y encuadramiento del Movimiento; y que ahora, en cada una de las regiones argentinas donde el Justicialismo actúa, tanto en el gobierno como fuera de él, nos sometamos disciplinadamente a las necesidades de dar un ejemplo como gobernantes.
No olvidemos que estamos en el gobierno, que tenemos una oposición tranquila en los sectores políticos, aviesa y enconada en los sectores que ocultamente trabajan contra nosotros, algunos de ellos dentro del propio Movimiento. Que son los más peligrosos, y otros fuera de él. A todos ellos debemos desenmascararlos.
Y para combatir la capciosidad o el error, no hay nada mejor que exponer una verdad con toda la claridad necesaria, ya que la verdad suele hablar siempre sin artificios.
Esa es la tarea que nos debemos imponer todos los peronistas. En cada una de las manifestaciones que se observan diariamente, hay un sector que trabaja subterráneamente contra nosotros en forma permanente. No le temo mucho a eso, porque han mentido tanto que el castigo es el natural, cuando digan la verdad no les van a creer. Y esto lo he comprobado en mi gran experiencia. En 1945, cuando comenzamos nuestra acción, teníamos todos los medios de comunicación en contra, y ganamos. En 1955, teníamos todos los medios a nuestro favor y nos echaron. En 1973 todos esos medios estaban otra vez contra nosotros y ganamos.
De manera que hay una verdad que se abre paso entre la maraña de mentiras y simulaciones que se esgrimen. El estar con la verdad es estar con la realidad. En consecuencia, nosotros hemos luchado siempre por eso. Y cuando hube de abandonar el gobierno, a muchos que querían resistir, les dije: “nos vamos; si tenemos razón hemos de volver y si no, es mejor que no volvamos”.
Compañeros: el tiempo nos ha dado la razón e indudablemente, porque la teníamos es porque sosteníamos la verdad que el tiempo, inexorablemente, ha hecho triunfar.
Así creo que debemos conducir al Movimiento, pensando siempre en esa verdad y en esa razón, que no ha de faltarnos nunca si queremos triunfar a la larga, que es la única manera de triunfar.
Compañeros: muchas gracias por estos felices momentos que ustedes me han dado de poderles hablar en vivo y en directo, como se dice ahora.
JUAN DOMINGO PERÓN

viernes, 1 de febrero de 2019

A 62 años de esta carta de Perón a G2 (Juan Garone)




Carta al compañero G.2. 1 de febrero de 1957

Escrito por Juan Domingo Perón.

1 de febrero de 1957

Al compañero G.2.

Santiago

Mi querido amigo:

Contesto su amable carta del 16 de enero pasado, escrita a su regreso de Montevideo y le agradezco sus interesantes observaciones. Hace rato que me he dado cuenta y conozco el estado de ánimo y de situación de los diversos peronistas que actúan en todas partes, porque la mayor parte de ellos me han escrito, si bien a mí suelen decirme las cosas de otra manera que a los demás.

Todo ese panorama obedece a que hay dos clases de peronistas entre los dirigentes: unos que luchan por lo que siempre lucharon: sus intereses y otros que están dispuestos a luchar por el pueblo. Es natural que la conducta de unos y de otros sea distinta. Los que luchan por sus intereses personales están dispues¬tos a todo con tal de que ellos puedan salvar sus cosas, los que luchan por el pueblo sólo se sentirán contentos cuando el pueblo argentino haya reconquistado lo que la canalla dictatorial le ha quitado. Por eso unos son transigentes y otros intransigentes.

Yo he estado en el terreno de una intransigencia total con la canalla dictatorial porque considero que ninguna transacción puede ser beneficiosa para el pueblo argentino. Mi fuerza estriba precisamente en que yo no quiero nada para mí y nada puedo ya ambicionar. Si se tratara de resolver mi problema personal todo sería irme a vivir tranquilo a una de las innumerables partes que mis amigos me han ofrecido pero, yo creo que todavía soy necesario al pueblo, especialmente para protegerlo contra los que quieren hacer a sus costillas su agosto político o personal. Yo no tengo nada que esperar en el orden personal como no sea ingratitudes y penas, a la par que sacrificios y luchas, pero creo que el pueblo bien vale cualquier sacrificio. Les he dado una doctrina y una mística, como asimismo sus objetivos y una inmensa obra para el pueblo, bien podría aho¬ra tomarme el descanso indispensable pero, quién puede pensar en descansar cuando hay que luchar por el pueblo escarnecido, tiranizado y explotado.

En lo de peronismo sin Perón yo estoy de acuerdo también, siempre que aparezca otro a quien el pueblo le crea y él merezca que yo lo apoye ante el pueblo mismo, pero todavía no veo a ninguno que reúna esas condiciones. Hay un Movimiento Peronista que sólo obedece a Perón, ¿cómo podríamos sacar a Perón antes que aparezca el que ha de hacerse cargo de ese Movimiento y de su destino, con responsabilidad y capacidad necesarias? Ese es el problema. Yo no tengo intereses, ni deseos pero tengo responsabilidades y deberes, por eso debo enfrentar por lo menos por un tiempo aún, todo este asunto de conducir el Movimiento en los difíciles momentos en que se encuentra, no porque yo tenga interés ni necesidad de hacerlo sino porque el pueblo tiene la necesidad de que lo haga, por lo menos hasta que aparezca otro que pueda hacerlo igual o mejor que yo.

Usted ve que los que ahora están trabajando en el neopero- nismo son unos simuladores y unos picaros, porque saben tan bien como yo que no podrán ellos hacer nada, pero se tiran el lance de aparecer como influyentes a fin de luego entrar en transacciones con la canalla dictatorial en busca de ventajas personales, sin importárseles un rábano que para ello deban sacrificar los objetivos, los derechos y las conquistas del pueblo, al-canzadas a través de medio siglo de luchas y dolores.

Esa es toda nuestra posición y el porqué la masa está con nosotros y también el porqué la masa los repudiará a su hora en forma absoluta, pero hay que seguir las instrucciones al pie de la letra porque allí está el germen de nuestro triunfo y de nuestra victoria final. Saludos a los compañeros. Hay que seguir adelante con ATLAS y luchar porque allí y en todas partes las organizaciones obreras nos apoyen y apoyen a los trabajadores argentinos en este momento de su lucha decisiva que ha de ser también parte de la lucha que los trabajadores de toda América Latina libran por su destino y su felicidad.

Un gran abrazo.

Firmado: Pecinco.